Malaga
Superficie: 385,50 Km2
Número de habitantes: 550.000.
Gentilicio: malagueños.
Visitas Destacadas: Teatro Romano, Alcazaba, Castillo de Gibralfaro, Catedral, iglesia del Sagrario, Palacio Episcopal, Palacio de los Condes de Buenavista/Museo Picasso, iglesia de Santiago, plaza de la Merced, Fundación Picasso, Palacio de la Aduana, Paseo del Parque, Rectorado de la Universidad de Málaga (antiguo Correos), Banco de España, Ayuntamiento, jardines de Puerta Oscura, jardines de Pedro Luis Alonso, fuente de las Tres Gracias, Plaza de Toros, Palacio de Justicia (antiguo hotel Miramar), monumento al Marqués de Larios, calle de Larios, fuente de Génova, Pasaje de Chinitas, Sociedad Económica de Amigos del País, Ateneo de Málaga, iglesia del Santo Cristo de la Salud, iglesia de los Santos Mártires, Museo de Artes y Costumbres Populares, Puerta de Atarazanas, Santuario de la Virgen de la Victoria, Finca de la Concepción, Hacienda de El Retiro
Situación Geográfica: en la costa del Mediterráneo meridional, a 50 millas náuticas del Estrecho de Gibraltar y a 520 kilómetros de Madrid. La capital registra una precipitación media anual de 470 l/m2 y la temperatura media se sitúa en 18,5º C
En el amplio término municipal de Málaga, el tercero en extensión de la provincia tras el de Antequera y el de Ronda, se combinan al menos dos tipos de paisajes bien diferenciados: hacia el norte se encuentran los Montes de Málaga, zona muy arbolada y, como su propio nombre indica, montañosa y de gran valor ecológico y paisajístico, declarada Parque Natural por la Junta de Andalucía. En este mismo territorio, pero hacia el este, el terreno entronca claramente con la fisonomía axárquica y es donde se dan las mayores alturas, como la del pico de Santo Pitar (1.020 metros).
Las tierras se allanan hacia el oeste y forman lo que se conoce como la Hoya de Málaga, que no es sino la depresión en la que se unen las cuencas de los ríos Guadalmedina y Guadalhorce antes de su desembocadura en el Mediterráneo. En este espacio confluyen la fachada marítima de la ciudad, que tiende a ensanchar sus límites hacia la parte occidental, y, todavía, algunas plantaciones de caña de azúcar, frutales y hortalizas, que conforman los últimos reductos de una tradición agrícola cada vez más absorbida por los polígonos industriales y la constante expansión del aeropuerto.
El entramado urbano de la ciudad se extiende de este a oeste a lo largo unos 12 kilómetros, y aproximadamente en el punto medio geográfico se abre el gran semicírculo donde se ubica en centro histórico, que concentra prácticamente todos los monumentos y puntos de interés turístico, a excepción de los llamados jardines históricos, que se encuentran en el extrarradio
COMO LLEGAR
Desde cualquier punto de la Costa del Sol, tanto en la zona occidental como en la oriental, hay que tomar la autovía A-7 (N-340), en la que los accesos a Málaga están perfectamente señalizados. Si el visitante procede del interior de Andalucía, primeramente debe tomar la indicación de Antequera. En este punto se accede a la autovía A-45 (N-331), que conduce a Málaga.
VISITAS DESTACADAS
Salvedad hecha de los restos fenicios aparecidos en el interior del Museo Picasso, el monumento más antiguo de la ciudad es el Teatro Romano, del siglo I d.C., ubicado a los pies de la Alcazaba. De estructura semejante al de Acinipo (Ronda), conserva una parte del proscenio, una galería de entrada, restos de la orquestra y buena parte de la cávea, de 31 metros de radio y 16 de alto. Sirvió de cantera para la construcción de la Alcazaba y de cimentación para la Casa de la Cultura, edificio que fue derribado en 1995 para recuperar el antiguo monumento.
La construcción de la Alcazaba data de principios del siglo XI, pero fue a mitad de esta centuria cuando el rey Badis, de la taifa granadina, la convirtió de una de las más destacadas fortalezas musulmanas de la época, al dotarla de un triple recinto fortificado con varias torres. El interior de la fortaleza albergaba el palacio de los altos cargos musulmanes y un barrio para la servidumbre. Tras la conquista cristiana, sirvió de residencia a los Reyes Católicos y a Felipe IV.
La fortaleza estuvo abandonada durante el siglo XVIII, y a mediados del XIX se convirtió en un barrio de gente humilde. Fue declarada Monumento Nacional en 1931, y a partir de esa fecha se inicia su restauración y reconstrucción bajo las órdenes del historiador malagueño Juan Temboury y del arquitecto Guerrero Strachan. El Arco del Cristo, la Plaza de Armas, la Torre del Homenaje y los Cuartos de Granada (estancias palaciegas) son los espacios de mayor interés del recinto, al que actualmente se puede acceder por un ascensor.
Conectado con la Alcazaba por un corredor que discurre entre dos murallas (coracha), el Castillo de Gibralfaro corona el monte del mismo nombre. La construcción de esta estratégica fortaleza fue iniciada a finales del siglo VIII, durante el emirato de Abderramán I. Parece ser que en la cumbre del monte existió primeramente un faro, así al menos se desprende de una anotación del siglo XII en que se lo menciona como Gebel Faruk (montaña del faro).
A partir de la toma de la ciudad por los Reyes Católicos se utilizó como guarnición militar, y en el XVIII se construyó en su interior un polvorín que hoy se ha acondicionado como centro de interpretación del monumento. Fue semidestruido durante la invasión napoleónica y reconstruido posteriormente, aunque conserva zonas de su primigenia estructura. Junto a su extraordinario valor histórico cabe destacar que desde el recinto, a cuya entrada se puede acceder en coche, se contemplan las mejores panorámicas de la ciudad.
Inmediatamente después de la conquista de la ciudad por las tropas cristianas, la antigua mezquita aljama fue consagrada bajo la advocación de la Virgen de la Encarnación, y 30 años más tarde se inició la construcción de la Catedral sobre la misma superficie que ocupaba la mezquita. El nuevo templo fue diseñado en estilo gótico flamígero, pero al hacerse cargo de las obras Diego de Siloé, éste apuesta por el estilo renacentista, pero al durar su construcción más de dos siglos y medio, al templo se le fueron añadiendo sucesivos estilos, barroco sobre todo y algo de neoclasicismo. La torre sur no llegó a concluirse y por ello la Catedral malagueña es conocida como ‘la Manquita’.
La soberbia arquitectura de su fábrica, que culmina en la fachada principal, encierra algunas de las piezas artísticas más notables de cuantas pueden contemplarse en la ciudad, como la sillería del coro, en la que entre otros artistas trabajó Pedro Mena, que es el autor de 42 tallas y de los remates. Completan el coro dos grandiosos órganos del siglo XVIII ubicados a ambos lados de la sillería.
La Catedral cuenta con 15 capillas y 25 altares. En el centro de la girola se halla la capilla de la Encarnación, con un suntuoso retablo neoclásico realizado en mármol. La capilla de Santa Bárbara posee un retablo gótico que perteneció a la anterior mezquita-catedral, si bien la imagen principal del conjunto es de Fernando Ortiz (1765). La capilla de la Virgen de los Reyes alberga una talla gótica de la Virgen, que fue donada por Isabel la Católica, y dos esculturas que representan a Isabel y Fernando orantes, realizadas igualmente por Pedro de Mena, del que también hay una exquisita Dolorosa en la capilla de los Caídos, que está presidida por un Crucificado de Alonso de Mena, padre de Pedro.
En la capilla del la Virgen del Rosario destaca sobremanera el gran lienzo del mismo nombre, obra de Alonso Cano y sin duda la mejor muestra pictórica de cuantas alberga el primer templo malagueño. A destacar también los dos púlpitos del siglo XVII, tallados en piedra rosada.
De la iglesia del Sagrario, aneja a la Catedral por el lado norte, destaca su portada, realizada en el siglo XVI en estilo gótico flamígero. El interior es de una sola nave con bóveda de cañón y alberga un magnífico retablo plateresco rescatado de un pueblo de Palencia.
A la izquierda de la fachada principal de la Catedral, en la plaza del Obispo, se levanta el Palacio Episcopal, un conjunto de edificios integrado por construcciones del XVI al XVIII. De su espléndida portada barroca, dividida por pilastras en cinco calles de tres pisos y rematada por una balaustrada con pináculos, sobresale la portada, realizada en mármoles blancos, rosas y grises, en cuya parte superior tiene una gran hornacina que alberga una imagen de la Virgen de las Angustias. Del patio interior, con elegantes columnas toscanas, parte una artística escalera con bóveda decorada. En la actualidad, la parte noble del palacio está destinada a salas de exposiciones.
Frente a la Puerta de los Naranjos de la Catedral se encuentra la calle San Agustín, sin duda una de las de mayor solera de Málaga y donde se ubica el Palacio de los Condes de Buenavista, una de las escasas construcciones civiles renacentistas de Málaga que data de 1520. Su severa fachada, con alguna pincelada plateresca, y su torre mirador le confieren un cierto aire de fortaleza.
Este hermoso palacio es desde octubre de 2003 el Museo Picasso de Málaga, que alberga la colección privada de Christine Picasso, cedida gentilmente a la ciudad que vio nacer al artista más representativo del siglo XX. Tras una laboriosa rehabilitación, el antiguo caserón, que también fue la sede del Museo Provincial de Bellas Artes, ha sido adaptado a su nueva función museística bajo criterios de absoluta modernidad y respeto hacia una construcción del siglo XVI. La transformación de los espacios ha sido calificada de ejemplar por expertos de todo el mundo.
La colección permanente, integrada por más de 200 obras del genial artista malagueño, está distribuida en diversas salas que conservan los magníficos artesonados mudéjares del palacio. Pinturas, esculturas, obra gráfica y cerámicas representan las diferentes etapas creativas del artista, que, definitivamente, ha vuelto a su tierra natal, y lo ha hecho en las mejores condiciones posibles en cuanto a espacio expositivo se refiere.
El Museo Picasso desemboca en la zona peatonal de calle Granada, y a sólo unos pasos de la pinacoteca se levanta la iglesia de Santiago, donde fue bautizado el pequeño Pablo. De su primitiva estructura mudéjar (el templo fue reformado en el siglo XVIII) se conservan dos importantes elementos: la portada tapiada y con arco conopial y la torre, de ladrillo visto con decoración almohade. Su interior está profusamente adornado con estucos, sobre todo las capillas laterales.
Unos metros más arriba de esta iglesia se abre la plaza de la Merced, característico ejemplo del urbanismo decimonónico en Málaga, donde antes se ubicaron los conventos de la Paz y de la Merced y el hospital de Santa Ana, de los que no queda rastro. En el centro de la plaza fue erigido en 1842 –once años después de ser fusilado en las playas de San Andrés por sus ideas liberales- el monumento al general Torrijos, realizado por Rafael Mitjana, quien diseñó un esbelto obelisco en cuya parte más alta lucen coronas de laurel.
En la zona norte de la plaza, en las conocidas como ‘Casas de Campos’, nació en 1881 Pablo Ruiz Picasso. La vivienda en que vino al mundo el pintor es desde 1988 la Fundación Picasso, considerada como uno de los más completos centros de documentación que existen sobre el artista malagueño. Alberga además un espacio museístico en el que se muestra sobre todo una escogida selección de obra gráfica, fotografías, cerámicas e incluso la recreación de una sala tal como debió ser la casa de la familia Picasso a finales del XIX.
Contigua a la plaza de la Merced está la de María Guerrero, de donde parte la calle Alcazabilla. En esta calle nos encontraremos con la parte trasera del Museo Picasso, el Teatro Romano, la entrada a la Alcazaba y, enfrente de ésta, el Palacio de la Aduana, uno de los más representativos edificios malagueños, proyectado a finales del siglo XVIII y acabado a principios del XIX para sustituir a la vieja aduana que se ubicaba en Puerta del Mar.
El inmueble, de estilo neoclásico y planta cuadrada, presenta una adusta fachada almohadillada. El interior gira en torno a un patio con doble pórtico rematado por una balaustrada con esculturas romanas. Después de muchos usos –fue destinado durante un tiempo a fábrica de tabacos- acabó siendo la Subdelegación del Gobierno, pero en unos años se convertirá en el Museo de Bellas Artes y Arqueológico, cuyas piezas se encuentran almacenadas por falta de un espacio adecuado donde mostrarlas. Mientras llega ese día, en la plata baja se exhiben algunas de las mejores obras de los fondos del Museo de Bellas Artes.
Junto al Palacio de la Aduna se extiende el Paseo del Parque, entre el puerto, la Cortina del Muelle y las faldas de la Alcazaba. Con una longitud de 800 metros aproximadamente y sobre terrenos ganados al mar a finales del siglo XIX, este espacio verde es más un jardín botánico que un parque al uso. En él se han aclimatado con facilidad numerosas especies arbóreas tropicales y subtropicales, inusuales en Europa –hay algún ejemplar único en nuestro continente-que llaman poderosamente la atención del visitante.
En sus glorietas, de acusado carácter romántico, se hallan los bustos de los poetas Salvador Rueda y Rubén Darío y una escultura de Jaime Pimentel que representa el típico vendedor de biznagas. Paralela al Parque discurre la avenida de Cervantes, donde se ubican tres notables edificios construidos a principios del siglo XX. El antiguo Correos, hoy Rectorado de la Universidad de Málaga y de un curioso estilo neomudéjar; el Banco de España, de un elegante neoclasicismo, y el Ayuntamiento, de un moderado barroquismo, obra de Guerrero Strachan y Rivera Vera en la que, entre otros elementos, destacan la escalera principal, la sala de plenos y el salón de los Espejos..
A espaldas del Ayuntamiento y bajo la muralla sur de la Alcazaba están los Jardines de Puerta Oscura, en el lugar donde fue hallada una antigua villa romana. Los jardines están resueltos en terrazas y caminos en zigzag para aprovechar la ladera del monte, y frente a la fachada este del Ayuntamiento se extienden los Jardines de Pedro Luis Alonso, donde se mezcla el paisajismo decimonónico con elementos hispanomusulmanes (estanque con surtidores, calles de naranjos).
El Paseo del Parque desemboca al este en la plaza del General Torrijos, en cuyo centro está la fuente de Las Tres Gracias, del siglo XIX, que anteriormente estaba colocada en la plaza de la Constitución Si continuamos por el Paseo de Reding nos encontraremos, a la derecha, con la Plaza de Toros (neomudéjar del siglo XIX) y unos 100 metros más adelante, el antiguo Hotel Miramar, hoy Palacio de Justicia, otro gran edificio historicista de Guerrero Strachan levantado en la década de los años 20 del pasado siglo.
De vuelta al centro de la ciudad, nos situamos en la plaza de la Marina, entre el puerto y las dos principales arterias de Málaga, la calle Larios y la Alameda. La mencionada plaza ha sido objeto de numerosas reformas, en la última de las cuales fueron descubiertos lienzos de la muralla nazarí y del muro portuario del siglo XVII, que se conservan en el aparcamiento subterráneo. Este espacio urbano está presidido por el monumento al Marqués de Larios, realizado por Mariano Benlliure. El Marqués de Larios fue el impulsor del nuevo urbanismo en Málaga, y a él se debe la construcción de la calle que lleva su nombre, que unió en línea recta la zona portuaria con la plaza de la Constitución. La calle Larios, principal vía comercial malagueña, fue diseñada por Eduardo Strachan a finales del XIX bajo los cánones de la Escuela de Chicago. Recientemente remodelada, esta vía muestra en la actualidad el más cuidado paisaje urbano de la capital.
La calle Larios desemboca en la plaza de la Constitución, antiguo mercado musulmán que fue acondicionado como plaza mayor tras la conquista cristiana. Remodelada al mismo tiempo que la calle Larios, en esta plaza se ha ubicado la renacentista (siglo XVI) Fuente de Génova, que antes se hallaba en una de las glorietas del Parque. En el frontal este de la plaza se abre el Pasaje de Chinitas, de típicos y tópicos ecos de toreros lorquianos, tablaos flamencos y cante grande.
En la fachada norte de la plaza encontramos la antigua Casa del Consulado, actual sede de la Sociedad Económica de Amigos del País, con una artística portada y un hermoso patio dieciochesco. Tanto este edificio como el contiguo Ateneo de Málaga (antigua Escuela de Artes y Oficios donde Picasso recibió sus primeras clases de pintura) y la iglesia del Santo Cristo de la Salud, ya en la calle Compañía, pertenecieron a la compañía de Jesús. La iglesia (siglo XVII) es de planta circular coronada por una gran cúpula. El templo alberga un magnífico retablo mayor (1633) y la tumba de Pedro de Mena.
Continuamos por calle Compañía hasta el callejón de los Mártires para acercarnos a la plaza y el templo del mismo nombre: la iglesia de los Santos Mártires, mandada construir por los Reyes Católicos. La obra se inició en el siglo XVI y fue muy reformada en el XVIII, por lo que su decoración corresponde al período del barroco tardío.
De vuela a calle Compañía y en dirección oeste, hacia el río Guadalmedina, tomamos el Pasillo de Santa Isabel, paralelo al río. En el número 10 de esta calle se ubica el Mesón de la Victoria, construido en el siglo XVII sobre un antiguo caserón del XV. Desde la década de los 70 alberga el Museo de Artes y Costumbres Populares, de muy recomendable visita por reflejar, mediante unas cuidadas colecciones de utensilios, herramientas y enseres de antaño, la vida rural, minera, industrial y burguesa de la Málaga de siglos atrás.
Abandonamos el Pasillo de Santa Isabel para adentrarnos en la plaza de Arriola, donde se levanta el Mercado Central, que conserva la Puerta de las Atarazanas, es decir, de los antiguos astilleros medievales. Aunque bastante restaurada, la puerta conserva un gran arco de herradura apuntado, única muestra de un gran edificio de 5.000 metros cuadrados que en la época cristiana sirvió de arsenal, que se derrumbó tras la explosión de unos molinos de pólvora en el XVII. Tras su reconstrucción fue dedicado a hospital y ya en el siglo XIX se destinó a Colegio de Cirugía e incluso a cuartel de artillería, hasta que en 1868 se decidió demolerlo, menos la puerta sur, para edificar un mercado.
Fuera del casco histórico pero ensamblado en el entramado urbano se halla el Santuario de la Virgen de la Victoria, que inicialmente fue una ermita construida en el lugar donde Fernando el Católico levantó su campamento para preparar la toma de Málaga. En el siglo XVII la ermita fue sustituida por una iglesia barroca costeada por el conde de Buenavista.
En el interior del templo destacan el camarín de la Virgen, de exuberantes yeserías rococós mezcladas con ángeles, motivos vegetales y símbolos marianos, y la cripta de los condes de Buenavista, de un tétrico dramatismo, donde resaltan las yeserías blancas sobre fondos negros, elementos que le confieren un cierto tono de macabra teatralidad.
A la salida de Málaga por la autovía de las Pedrizas (A-4; N-331) hay una indicación que señala el acceso a la Finca de la Concepción, sin duda uno de los mejores jardines tropicales de Europa. Construida en el siglo XIX por los marqueses de Casa Loring, quienes edificaron en el lugar un palacete de gusto clásico, la finca cuenta con una riqueza forestal fuera de lo común y entre la que se distribuyen puentes, pequeñas cascadas y un esbelto templete de estilo dórico. El conjunto, donde se han rodado innumerables películas, fue declarado Jardín Histórico Artístico en 1943 y ha sido adquirido por el Ayuntamiento de la ciudad.
Un poco más alejado (a tres kilómetros del inicio de la carretera de Coín a partir de la N-340) está la Hacienda de El Retiro, construida por el obispo Alonso de Tomás en el siglo XVII. El primito jardín-huerto fue convertido en jardín-patio en el siglo siguiente por los condes de Buenavista, y más tarde, el conde de Villalcázar realizaría un jardín cortesano, con hermosas fuentes, esculturas y juegos de agua.
FIESTAS
La capital malagueña centra su calendario festivo en dos grandes y multitudinarias celebraciones: la Semana Santa y la Feria de Agosto, si bien hay otros festejos de gran raigambre popular que concitan la participación de miles de ciudadanos, como el carnaval, a finales de febrero; el Corpus, a finales de mayo o principios de junio; la Virgen del Carmen, a mediados de julio, con la procesión marinera, o la Fiesta Mayor de Verdiales, el 28 de diciembre en la Venta de San Cayetano, en la barriada del Puerto de la Torre, donde entre degustaciones de lomo y vino de la tierra tiene lugar el tradicional concurso de verdiales. Todo ello sin contar con que cada barrio organiza sus propias fiestas.
Durante la Semana Santa, Málaga se convierte en un gigantesco escenario donde las cofradías, con sus tronos en la calle, representan la Pasión de Cristo entre un desbordado fervor popular que recorre todos los niveles de la emoción. Grandiosidad, recogimiento, lujo, sobriedad, algarabía, saetas, lo barroco llevado a sus últimas consecuencias, silencio, salvas de vítores y aplausos…, todo ello conforma un conglomerado de difícil explicación pero de pronta asunción por parte de quien se dispone a vivirlo.
La Feria de Agosto, en recuerdo de la toma de Málaga por los Reyes Católicos, se prolonga durante nueve días en los que no hay lugar más que para la diversión y el jolgorio. Desde hace varias décadas, la feria malagueña se celebra en dos lugares distintos: el centro histórico da cabida a la llamada Feria de Día, y el Cortijo de Torres, en el extrarradio de la ciudad, alberga el Real de la Feria, donde la jornada continúa hasta la madrugada. Mientras que en el centro son los bares tradicionales los que atienden las necesidades del gentío, en el Real son las casetas privadas o públicas –se puede entrar en todas- las que acaparan al personal.
La programación oficial para estas fechas tan señaladas es abultadísima y satisface incluso las apetencias más minoritarias, si bien hay una especial atención al folclore autóctono, al flamenco y a la música de más rabiosa actualidad, especialmente dirigida a los jóvenes, que tienen la oportunidad de presenciar los conciertos de los más afamados artistas del momento en el auditorio del Real. También los aficionados a los toros esperan estos días con impaciencia porque es en estas fechas cuando se ofrecen las mejores corridas en La Malagueta.
GASTRONOMÍA
Dado el carácter abierto y turístico de la ciudad y el elevado número de restaurantes de que dispone, en Málaga es posible degustar cualquier tipo de comida, tanto autóctono o regional como internacional. Igualmente, la gama de establecimientos recorre todos los noìveles, desde los más modestos y económicos hasta los más selectos y exquisitos, alguno con estrella Michelin incluida (Café de París).
En cualquier caso, el visitante demanda, por lo general, las especialidades autóctonas, y en este sentido no hay duda alguna en señalar que el ‘pescaíto frito’ es la oferta gastronómica por excelencia. El pescaíto frito engloba distintas especies, pero preferentemente hay que citar los boquerones, jureles, salmonetes, calamares, pijotas y, por extensión, los espetos de sardinas, las almejas y las coquinas. La lista es más amplia pero este tipo de combinación es el más frecuente. Esta especialidad gastronómica tiene especial implantación en los restaurantes cercanos a las playas, pero se sirve en cualquier establecimiento de la ciudad.
Otros platos netamente malagueños son el gazpacho, el ajoblanco, el gazpachuelo, la ensalada malagueña (patatas hervidas, bacalao, naranjas, huevo duro, aceitunas, cebolla y aceite de oliva) o el plato de los Montes, típico en las numerosas ventas que rodean la capital y que consta de patatas fritas, lomo en manteca, chorizo, pimientos fritos y huevo frito.
NATURALEZA
El Parque Natural de los Montes de Málaga, verdadero pulmón de la ciudad, ocupa una superficie de 4.800 hectáreas, cuya configuración orográfica es el resultado de los numerosos arroyos y cañadas. Su estado actual viene determinado por el uso que tuvo en el pasado como terreno de vides, lo cual propició la instalación de diversos lagares diseminados por todo el conjunto montañoso. Esto originó un profundo cambio en la cubierta vegetal de la zona, que se caracterizaba por la abundancia de bosque y matorral mediterráneo, de los que aún quedan algunos reductos.
La actividad agrícola en estos lugares empezó a ser abandonada a partir de 1878, año en que la filoxera hizo su aparición. Al quedar la zona prácticamente desforestada, las riadas eran frecuentes y la ciudad de Málaga vivía en permanente estado de alerta, por lo que a partir de 1933 se prestó una gran atención a la reforestación de la cuenca del Guadalmedina. Del proyecto primigenio sólo llegó a realizarse la mitad, las casi 5.000 hectáreas que hoy conforman este parque natural. La vegetación mediterránea, propia de esta zona, ha sido sustituida en parte por coníferas, que comparten espacio con el olivo, el alcornoque, el algarrobo y en menor medida con otras especies. En este terreno se han contabilizado hasta 230 especies botánicas y unas 160 de vertebrados.
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